Aparecido (Experiencia real)

APARECIDO

Relato ANONIMO basado en una experiencia real Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán para Leyendas de Monterrey

Esta historia que voy a relatarle comienza una noche de hace unos meses. Yo trabajaba en unos despachos contables. Como todos los días, mis jornadas de trabajo eran de 12 a 14 horas diarias. En esa ocasión fui la última que salí de la oficina, tuve que cerrar y dejar todo listo para una junta que habría por la mañana. Mi rutina era así, entregada al trabajo y la mala paga. No tenia familiares que vivieran conmigo y vivía cerca de las oficinas; rentaba un cuartito modesto. Como no tenia ni un solo limón en el refrigerador, tuve que ir al Supermercado a comprar comida para prepararme la cena y el almuerzo y quizás hasta la comida.

Aunque era improbable. Me dirigí entonces a la tienda y estuve algún tiempo en ella. Tristemente mi patética vida en ese momento, era visitar tiendas y recorrer los pasillos aunque no comprara nada. No tenia para más. Después de agarrar algunas cosas me di cuenta que era tarde y la tienda cerraría pronto. Así que me apresuré a ir a las cajas a pagar. Al salir, recibí una llamada de mi novio en aquel entonces; me pidió que nos viéramos en una plaza cercana para hablar de algo importante. Se me hizo extraño porque era tarde y estaba cansada; pero accedí, tenia días de no verlo. Al llegar al lugar, estaba sentado en una de las bancas esperándome y tuvimos una discusión que lo llevó a sincerarse: había comenzado otra relación y yo ni enterada.

Me alteré y y voltee por inercia a verlo. Su rostro se veía extraño, lo primero que pensé era que estaba tomado o drogado. Eso me atemorizó. Al llegar la esquina; La calle estaba completamente sola. Se veían a lo lejos las luces de algunos autos y el viento comenzaba a arreciar. Antes de cruzar voltee rápidamente para ver si no me seguía aquel tipo y noté que ya no estaba. Eso me tranquilizó un poco y crucé corriendo para llegar rápido a mi casa. Apenas llegando a la otra esquina. Noté que de la ventana rota de una de las casas solas que hay por ahí, salía una cortina vieja que era movida por el viento y antes de que pudiera hacer otra cosa.

El terror me invadió, la sensación de entumecimiento y las palpitaciones de mi corazón que parecía salirse; afloraron al mismo tiempo que mis piernas se paralizaron. Quería gritar pero no podía y mis temblores se acrecentaron con el frío; al ver parado en unas pequeñas y obscuras escaleras, detrás de una reja oxidada y vieja; al muchacho que había visto segundos antes. Su rostro estaba de lado y parecía tener la lengua hinchada por entre los labios y no le alcancé a ver los ojos. A pesar la obscuridad noté que su piel estaba pálida y su cuerpo era completamente delgado. En el instante en que una ventisca fuerte me tambaleó. Escuché un susurro que parecía muy cercano a mi oído que decía:

“Solo…”

Eso me hizo reaccionar. tiré las bolsas que traía en las manos y salí corriendo. Iba tan rápido en la empinada calle que caí haciéndome daño; pero mi adrenalina fue tal que con la termínanos la relación, aunque ya estuviera más que terminada. Mientras él se iba yo me quedé asolada y triste por las circunstancias y por lo terrible que me sentía. Estuve unos minutos sentada en una banca llorando mi infortunio. Después me levanté y me limpié las lágrimas. Al día siguiente tenía que ir a trabajar, mi deprimente trabajo era lo único que me quedaba. Agobiada caminé un rato sin rumbo fijo y cuando me di cuenta estaba frente a un Banco, el cual tenía que rodear para llegar a la calle donde vivía, entonces noté que había un callejón por donde nunca había pasado y ni siquiera lo había visto. Era una pequeña calle en donde solo cabía un vehículo y que daba salida a una avenida principal, el callejón corría por un lado del Hospital Militar. Al principio me dio algo de temor pasar por esa calle angosta, estaba completamente obscura y no había mucha gente en la calle y para colmo un “norte” comenzaba a azotar en la ciudad con vientos fuertes que hacían que temblara de frío. No quería caminar más así que me envalentoné y decidí irme por ahí. Para “cortar” camino.

Apenas unos pasos por la obscuridad del callejón, una ventisca me golpeó en el rostro y el silencio fue quebrado por los ladridos de los perros de las casas aledañas a la calle. Al dar la vuelta en la primera curva, un escalofrío de miedo me invadió de la cabeza a los pies al ver parado en medio de la calle; a un joven que veía fijamente hacia la avenida. Rápidamente seguí caminando y al pasar junto a él, noté que volteó a verme; pero yo me seguí de largo. Apresuré el paso misma me levanté para alejarme de aquella horrible aparición. Al llegar a mi cuarto, tenía que abrir una reja y caminar por un largo pasillo por un lado de la casa donde vivían los dueños y mi cuarto estaba atrás en un gran patio junto con otros. Rogaba porque uno de los vecinos estuviera ahí con la luces encendidas y para mi mala suerte ninguno. Estaba todo apagado; las ramas y hojas de un gran árbol en medio del patio, se movían y sonaban estruendosamente por el viento. Como pude saqué las llaves de mi bolsa y temblando traté de abrir; pero el miedo , las manos heladas y entumidas me hicieron tirar las malditas llaves y al agacharme a recogerlas.

Me pasó lo peor, como si saliera de lo peor de mis pesadillas. Aquel aparecido estaba justo parado en medio del patio. Ahí estaba inmóvil, con el cuerpo delgado hasta los huesos y la cabeza hecha hacia atrás. No pude mas y lancé un grito de terror que se escuchó por todos lados. Me tiré en el piso tapándome la cara con las manos y comencé a sollozar. El tiempo se me hizo eterno, estaba petrificada cuando sentí unas malos heladas que me tocaban los brazos y grité fuertemente. Tanto, que lastimé mi garganta. Al abrir mis ojos sollozantes vi con extrañeza y alivio que estaban los vecinos y el dueño de los cuartos alrededor de mi, preguntándome que había pasado. Todos me miraban con preocupación, tan solo me levanté y abracé a una vecina que estaba también ahí.

Nos metimos todos a la cocina en donde me prepararon té y comencé a relatar el extraño suceso. Por supuesto al principio no me creyeron; pero luego el dueño en tono serio nos platicó que hacía años un joven que vivía en la esquina de la avenida y el callejón; se había ahorcado en circunstancias extrañas y que tanto esa casa como la de alado quedaron en total abandono. No sabía que pensar; pero esa terrible experiencia me hizo cambiarme de casa, de trabajo y de vida. Actualmente sigo viviendo sola y cada noche le ruedo a Dios por no encontrarme con algo. Después de aquel suceso. Cada que escucho el viento sacudir las ramas y las hojas de los árboles. El recuerdo tenebroso me invade y no puedo dormir. Pido todos los días para que aquella ánima que me susurró aquella noche pueda encontrar la paz.

Eduardo Liñán

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