La maldicion en la casa Juarez

LA MALDICION EN LA CASA JUAREZ
Relato basado en una experiencia real de Marta Porter, leyenda local del Puerto de Veracruz.
Escrita y adaptada por Eduardo Liñán.
Para poder comprender este relato. Hay que adentrarnos en los hechos que rodearon a la Casa A Juárez desde tiempo atrás y que en el pasado fué un convento de monjas carmelitas. Este lugar se encontraba en el centro de la ciudad de Veracruz, la construcción constaba de 3 niveles. Durante en la época que era convento. Se formaron varias leyendas que giraban al interior. En la que se decía que cuando una de las monjas de la congregación cometía una falta grave, se les castigaba severamente con flagelaciones y el cilicio. Además de dolorosas torturas auto infligidas e incluso el emparedamiento estando vivas aún.
También se decía que muchas de las novicias llegaban al lugar, despechadas por haber sido burladas por hombres a los que les entregaban su pureza o bien que habían sido abusadas y querían entregar su vida al señor.

En muchas de esas ocasiones las jóvenes llegaban embarazadas sin saber y las madres superiores practicaban abortos y se deshacían de los fetos tirándolos o enterrándolos en lugares dentro de la casa. Todo lo anterior nunca se comprobó pero la gente muy a menudo hablaba de ello.
Con el tiempo el convento dejó de serlo y se convirtió en una propiedad particular quedando en manos de varios inquilinos entre ellos los bisabuelos de Martha Porter. Los cuales comenzaron a rentar la propiedad y a la larga por extrañas circunstancias les congelaron las rentas de la construcción a todos los renteros. Con el tiempo se crearon derechos de propiedad y los 3 pisos que conformaban la casa se independizaron. Cada uno tuvo sus dueños legítimos; la segunda planta era propiedad de los bisabuelos. Fue durante una época en la que, la abuela de Martha vivió ahí y experimentó el terror y durante los años subsecuentes, se vivieron situaciones perturbadoras que terminaron con la casa con el paso del tiempo.


La abuela siempre era advertida por su mamá cada que iba al baño que fuera con cuidado y siempre con una vela encendida.

El cuarto de baño estaba al final de un largo pasillo, en esa parte de la casa estaba en la total penumbra y en esas épocas solo podías iluminar con portavelas de cobre. Así que el ambiente lúgubre del lugar, hacía que la mente le hiciera jugarretas extrañas y más aun la bisabuela contaba historias, sobre personas que se parecían repentinamente en el pasillo. “Fantasmas” que acechaban en las sombras. Por la noche jamás podías recorrerlo sola a riesgo de que se te apareciera algo.

Por esta razón la bisabuela le dejaba un balde de agua en el cuarto de la joven para que ahí hiciera sus necesidades. Sin embargo la imprudencia y el desobedecer órdenes se impuso y fue una noche que se atrevió a salir al baño.
Aferrada al portavelas, caminaba sigilosamente mientras la llama iluminaba tenuemente el pasillo. El reflejo amarillento reflejaba sombras que iban y venían, mas sin embargo la joven no se quiso sugestionar o amedrentar, con pasos sigilosos llegó al baño al final del pasillo. Abrió la puerta que emitió un rechinido que la puso en alerta. En ese instante un aire helado le recorrió la espalda y al voltear vio con espanto la figura de un hombre que la observaba fijamente con una mirada perdida y un rostro pálido. Al verlo, se quedó pasmada y comenzó a orinarse, temblando de miedo. Sus extremidades empezaron a entumirse y un nudo en la garganta impedía que emitiera cualquier ruido, gritar era imposible. El hombre se quedó unos instantes parado al borde del balcón y simplemente se dejo caer en el. El tiempo pasó lentamente y la joven aun seguía temblando, caminando poco a poco con los pies descalzos; asomó su cabeza para ver a través del balcón. Nada, solamente el patio trasero y la obscuridad de la noche.


Los días pasaron y no le contó a su mama lo que había visto, sabía que se llevaría un regaño y prefirió guardar el secreto. Antes de irse a dormir, iba al baño acompañada para no tener que levantarse en la madrugada. Sin embargo una noche lo tuvo que hacer después de estarse aguantando, —no tenia opción. El balde con agua no estaba y tomó valor para ir, estaba sola y con pasos apresurados, llego al final del pasillo. Entró al baño y salió de prisa, sin embargo algo la alertó, era el grito horrorizado de una persona que decía:
“¡NO, NO, ALEJATE, ALEJATE!”
Alertada, se asomó por el balcón y en el balcón de la habitación de abajo, vio como un hombre se alejaba de algo que lo había espantado. Al ir de espaldas no se dio cuenta que la madera del barandal estaba endeble y cayó de espaldas hacia el patio. El golpe fue brutal, su cabeza al estrellarse con el pavimento hizo un ruido seco y quedó tendido. El fantasma del hombre que había visto en días anteriores estaba parado en el balcón viendo a la persona caída y volteó para ver a la joven y en su mente le escuchó decir.
“Te estaba esperando”
Después la visión fantasmal de aquel hombre saltó por el balcón hacia el cuerpo tendido del caído y antes de tocar el suelo desapareció ante los ojos de la joven aterrada.
Enseguida sin saber qué hacer, corrió hacia los cuartos para pedir ayuda. Sus gritos histéricos despertaron a los demás inquilinos de aquella casa y se hizo el caos. Llegaron los servicios médicos y la policía. El hombre había muerto por la caída, traumatismo y hemorragias internas. La casa quedó asegurada después de aquel acontecimiento. Se hizo una investigación y determinaron que fue una muerte accidental, la bisabuela de Martha dejó de rentar los cuartos un tiempo y poco a poco se fue olvidando el acontecimiento. Sin embargo contó una historia desconocida por la abuela y familiares que vivían en esa casa.
El espíritu que se aparecía, era el de un hombre que había muerto en ese cuarto, años antes. Se había suicidado, después de ahorcar a su esposa, a la cual descubrió engañándolo con otro hombre. A partir de su muerte, cada hombre que llegaba a rentar ese cuarto era acosado por el espíritu errante de aquel marido ofendido. La bisabuela decía que el fantasma seguía ahí atrapado junto con su mujer; pero que nunca dijo nada para seguir rentando aquella habitación. Lo más perturbador del caso es que ese hombre era un brujo que practicaba la magia negra y hacia encantamientos, de eso vivía. Además era pedófilo y continuamente se le relacionaba con abusos a menores. Las extrañas circunstancias de su muerte aun eran un misterio.
Después de contar aquella historia, los familiares y la abuela de Martha decidieron no rentar el lugar y bendecirlo. Fue después de varios padres que iban a bendecir y rezos por el descanso de esas almas que aparentemente la tranquilidad volvió a la casa Juárez. La bisabuela murió y la abuela de Martha se fue a vivir a otro lado; después de mucho tiempo la Mamá de Martha regresó a la propiedad y volvió a rentar las habitaciones; pero esta vez los inquilinos y los vecinos tormentosos que vivían ahí, serian acosados por la presencia del extraño espíritu de un niño que se manifestaba entre los cuartos y pasillos de la casa y que en repetidas ocasiones era visto repitiendo la misma frase con su voz de niño y en tono burlón.
“Aquí estoyyyy, y no me espantan”

Comenta para seguir con la historia, saludos.

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  1. elizabeth hurtado diciembre 29, 2017 Reply

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