LAS BRUJAS

LAS BRUJAS
Relato Basado en una experiencia de Georgina A.
Escrito y adaptado por Eduardo Liñán

 

Durante mi infancia viví en la ciudad de Camargo, en Chihuahua. En aquel entonces me juntaba mucho con unas niñas de la cuadra y mi hermana mayor. Cierta tarde una amiga de mi mamá llegó de improviso y se hizo la plática entre ellas, tiempo después la amiga tuvo que regresar a su casa y mi mama ofreció a acompañarla. Nosotras renuentes a ir, queríamos seguir jugando con las vecinas; pero tal fue la insistencia que tuvimos que acompañarlas. La charla entre ellas resultaba de lo más aburrida y avanzábamos lentamente, arrastrando los pies detrás de ellas con caras alargadas.

Casi llegando a la casa de la amiga de mi mamá, nos percatamos que una peculiar casa que había en el camino. Ambas mujeres iban muy adelante metidas en su plática y no se dieron cuenta que nos desviamos a contemplar aquella casa sacada de los cuentos infantiles; era blanca con tejas rojas y una ventanita “coqueta” que tenia cortinillas bonitas con olanes, se antojaba entrar al patio de aquel lugar y así lo hicimos. Caminamos lentamente con el temor de que los dueños nos sorprendieran. mientras nos acercábamos a aquella ventana, alcanzamos a escuchar voces en el interior, eran voces de señoras con una acento extranjero, hablando en un idioma que no conocíamos. Al asomarnos por la ventanita, vimos a un par de mujeres platicando entre ellas. De pronto una de ellas volteó al sentir nuestra presencia afuera de la ventana, mientras que la otra que parecía lavar trastos se asomó a la ventana para ver quién era. Su rostro era amable, al igual que el de la otra anciana; pero al verla me asusté y me caí de espaldas sobre la puerta de entrada golpeándola con las manos al tratar de sostenerme. Nuestra primera reacción fue correr y alejarnos de ahí, pero escuchamos que se acercaban a la puerta y de pronto se abrió.

Estaba tirada en el piso cuando una señora de aspecto amable y con una pañoleta en la cabeza me sonrió con su rostro arrugado, me estiró la mano para levantarme y en la otra mano llevaba un plato con unas grandes galletas que olían delicioso, mi hermana estuvo a punto de tomar una y comérsela cuando la jalé y miramos a las ancianas sonrientes

-Ándale mija, comente una. Están recién horneadas – Dijo la anciana con una voz muy dulce

Algo no estaba bien en todo aquello un instinto de conservación me puso en alerta de todo aquello, no lo sentía sincero, así que decidí que nos retiráramos. Mientras caminábamos hacia la entrada sentí la mirada fría y pesada de la anciana. Quise voltear y me aferré a la mano de mi hermana para salir corriendo de aquel lugar. Cuando llegamos a la casa de la amiga de mi mamá, ya nos estaban esperando; entonces les contamos lo que nos había pasado. La amiga nos miró con extrañeza y palideció.

Nos dijo que aquello era imposible, que la casa había pertenecido a dos hermanas solteronas que murieron ahí, se decía que eran brujas y que por alguna razon la casa seguía ahí, sin venderse o rentarse y lo más extraño de todo era que a pesar del abandono , el lugar estaba intacto como recién pintado todo. Todos en el barrio decían que ellas aun vivían ahí y que jamás se irían de su amado hogar. Nosotras no podíamos creer lo que nos decían, se nos hacía imposible, vimos a las ancianas de cerca, olimos las galletas, incluso el perfume que usaban. No volvimos a pasar por ahí, tuvimos muchas pesadillas después de eso y pensábamos en que destino habríamos tenido si hubiéramos aceptado esas galletas. No sé en realidad como sucedieron esos eventos tan extraños e inquietantes, lo cierto es que mi hermana y yo jamás los pudimos olvidar hasta ahora.

~Eduardo Liñán

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