Relato basado en una experiencia real

OLVIDADO

Relato basado en una experiencia real de N.M. Reyes
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán

Siendo la víspera de todos los santos, mi tía Efigenia vivía en unos departamentos cuádruples en una popular colonia. Una vecina a la que conocíamos por Mary vivía en la parte de arriba del departamento de mi tía. Ella y su familia se mudaban y sacaban sus cosas. Mi tía entonces decidió subir para despedirse de su vecina, la cual no estaba pero tenía la puerta abierta de su casa; Por lo que decidió entrar y esperarla. Cuando entró sintió un escalofrío que le caló y comenzó a sentir frio. Pensando que quizás el clima estaría encendido, revisó en las habitaciones; pero la vecina no tenia clima. Decidió mejor irse y esperarla abajo, antes de salir notó como uno de los caballitos montables del hijo de Mary se mecía de un lado a otro de una manera muy particular. Mi tía que no era impresionable ni sugestionada, pensó que quizás era el viento que se colaba por la ventana.

Pasaron varios días desde que la vecina se mudara y yo estaba de visita en casa de mi tía. Era ya de noche cuando fuimos por “guzgueras” al oxxo y ya de regreso había unos niños afuera de la casa mirando hacia la ventana del departamento de arriba, el cual estaba desocupado. Todos tenían cara de sorpresa y algunos se veían preocupados. Al preguntarles que sucedía, todos casi al unísono nos dijeron algo bastante extraño.
-Hace rato que jugábamos, se asomó un niño por esa ventana y se nos quedaba viendo, él (uno de los niños de la pandilla) se acercó para preguntarle quien era; nosotros jamás lo habíamos visto y pensamos que se había metido a la casa sola. El niño le respondió que lo invitaran a jugar, que subiera porque estaba solo, por lo que nuestro amigo subió y quiso abrir la puerta y estaba atrancada.

Todos estábamos viendo a la ventana, casi hipnotizados y sin decir nada. De pronto una sombra que se vio pasar y el ruido de un golpe que hizo que la ventana se quebrara, provocó que todos gritáramos. Los niños corrieron a sus casas asustados y nosotras nos metimos al departamento. Era ya media noche del día 2 de Noviembre y el ambiente en los cuartos de la casa de mi tía comenzó a enrarecerse, unos escalofríos que nos pusieron la piel de gallina, seguido de una extraña pestilencia como a animal muerto comenzó a invadir las habitaciones.

Luego de ese primer contacto, comenzaron a escucharse pasos en el techo, era como si alguien corriera de extremo a extremo, el sonido de algo rasguñando la pared nos puso en total alerta y comenzamos a rezar. Pero lo peor fue el sonido de las canicas correr por el piso. Eso nos hizo salir corriendo de la casa e irnos a refugiar con una vecina. Le contamos todo pero no nos creyó, aunque sabía que estaba espantada. Pasamos la noche en vela y por la mañana investigamos en el departamento abandonado: no había nada, ni canicas, ni puertas abiertas. Solo quedaba el vidrio quebrado lo cual se nos hizo bastante extraño. Mi tía en ese momento decidió irse de ahí a vivir a otro lado después de aquella horrible experiencia.

~Eduardo Liñán

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