Sombras fantasmales en la calle

Si vas a copiar y pegar el relato menciona los créditos correspondientes de autor – relator y menciona la fuente donde lo tomaste: Leyendas de Monterrey.
La sombra de la calle azulejos

Hace cuatro años me mudé a una antigua casa que pertenecía al padre de mi novio. El hombre murió y dejó su herencia a mi novio, su hermana y a la madre de estos.

Decidimos irnos a vivir juntos a esta casa para independizarnos y al mismo tiempo arreglarla, puesto que es muy antigua. Todas las casas del lugar estan forradas con azulejos, de ahí viene el nombre que la gente le inventó a la calle.

La colonia suele ser tranquila, parejas ancianas viven aquí y suelen ser visitadas solamente por sus familias los fines de semana. El ambiente por las mañanas es tranquilo, la calle es limpia y los vecinos son cordiales.

Sin embargo, por la noche casi no había movimiento. Lo que hace que la calle sea un poco aterradora. Todo comenzó a los seis meses de mudarnos. Normalmente llegaba una hora antes que mi novio del trabajo, estacionaba y entraba a la gran casa vacía. La casa es acogedora a pesar de ser tan enorme. Subí las escaleras hacia el dormitorio para cambiar mi ropa y esperar a Julio, mi novio. Íbamos a ir a cenar. La casa tiene un balcón en la recámara principal, cuando decidí salir a ver la calle desde ahí, era las 7:30 p.m, estaba oscuro.

Me pongo a ver hacia todas partes y de pronto, fuera de una casa, a lo lejos, se veía una sombra, alguien ahí parado, solamente ahí, sin moverse. Levanto la mano para saludar pensando que es alguno de mis vecinos, la sombra no respondió el saludo. Escucho el carro de Julio y bajo para irnos a cenar.

Al principio lo tome normal, sin embargo la sombra seguiría visitandonos. Un viernes en la noche, Julio y yo cenaríamos en casa así que me ofrecí a ir a comprar tacos en un puesto cerca de ahí mientras el se bañaba. Caminaba por la calle, eran quizá las 8:00 p.m. Todo estaba normal hasta que sentí que algo me seguía, gire y no había nada. Seguí caminando. Compre la cena e iba de regreso a casa cuando de nuevo, en la calle de los azulejos sentí que algo me seguía, esta vez mas cerca. Giro para enfrentarlo y no había nada de nuevo, más, se escuchó un ruido bajo el carro de uno de los vecinos. Me quede parada, quería saber que era pero me daba miedo asomarme y que algo saliera. De lejos prendí la linterna del celular y escuché un maullido, me acerco y era un pequeño gato negro bajo del carro, cuando me acerqué este salió corriendo. Regresé a mi casa. Esta vez ya no sentía que nada viniera tras de mí.

Pasaron dos meses, cuando la sombra se apareció, esta vez Julio la vio también. Era marzo y estábamos en la sala viendo una película, ya eran cerca de las 11:00 p.m cuando escuchamos la alarma de uno de los carros, sale Julio a revisar y atrás de él yo con las llaves. Lo escucho decir: “¿le puedo ayudar en algo?” y cuando observo hacia donde él, de nuevo, la sombra, ahora mas cerca, estaba en la casa de enfrente. Me sentí nerviosa y decidí jalarlo para entrar de nuevo a la casa. Llamé a la policía y le conté que era la segunda vez que veía a esa persona.

En realidad no sabía que era. Pero fuera lo que fuera, cada vez se acercaba más a nuestra casa.
Todas las noches después de eso, checaba los alrededores de la casa, la cerraba bien y reforce las puertas y ventanas. Mi mamá habló con un sacerdote para que bendiciera la casa, ella siempre ha sido muy creyente. Una noche, antes de irme a dormir, estaba cerrando el barandal y al intentar entrar a mi casa, la puerta estaba trabada. Empiezo a tocar y gritarle a Julio, pero este no me escuchaba, no sabía por qué no me oía, la cocina no estaba tan lejos.

Intentando entrar y empujando la puerta, detras de mi espalda escucho una cadena, giró y esta ahí, mas cerca la sombra, ahora literalmente estaba parada frente a mi barandal. La sensación fue horrible, estaba frío el ambiente y escuchaba como movía la cadena de la entrada, le empiezo a gritar que se fuera, que nos dejara en paz, sin dejar de ver a lo que sea que eso fuera. Le gritaba a Julio pero este no oía. Estaba completamente paralizada y llorando, iba a entrar a mi casa, Julio no me escuchaba, no sabía si la sombra era un vivo o un muerto.

Justo antes de que entrara, siento algo en mis piernas, en ese instante casi me infarto. Cuando volteó hacia abajo, veo al gatito negro de meses atrás. El gato se acerca a la sombra y empieza a gruñirle, le gruñia demasiado fuerte y feo, era un sonido horrible, pero servía, la sombra se alejaba. El gato se quedó ahí, sin moverse ni un poco, gruñendo a aquello que nos viglaba desde meses atrás. Finalmente, escucho abrirse la puerta y veo el rostro de mi novio y me pregunta: ¿por qué no entras? Al girar de nuevo a la puerta, la sombra ya no estaba, sólo seguía ahí parado el gato.
Julio se acerca a la puerta y cierra el candado de la cadena, yo me acerco al gato y lo cargo, decidí finalmente adoptarlo. No sabía que había hecho pero sentía que nos protegía.

Hace unos días en el trabajo, escuché una plática de mis compañeras, una decía que los perros nos protegen de los vivos y los gatos de los muertos,no se que tan real sea pero conecté todo con lo que sucedió años atrás.
Desde ese día, la sombra ya no está.

Anónimo

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